EL CORAZÓN DE COHOUSING

Fuente foto: Tim Harris via Unsplash.com

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Febrero de 2019 fue un mes muy especial para mí y mi familia en mi especie de Cohousing familiar. El 14 de febrero celebramos el día del amor y la amistad todos juntos con un acontecimiento tan hermoso como es la apuesta al amor y el compromiso que hicieron mi sobrina con su compañero de vida. Los días días previos y por tres días más todos fuimos testigos y partícipes - porque fue un casamiento colaborativo - de que el amor se celebra todos los días, en las cosas sutiles del día a día pero que así como la saga de libros “Elige tu propia Aventura”, van moldeando nuestra vida y nuestro destino.

Y es por esto que hoy no podía dejar de escribir sobre el Corazón de Cohousing. Porque todos los Cohousing, sean intergeneracionales, senior, para madres solteras, para familias que tienen niños con necesidades especiales, LGBTI friendly, y tantas alternativas más; todos comparten un mismo corazón y ese es: LA COMIDA COMÚN.

No es descabellado pensar que en el propio acto de comer, nos estamos nutriendo no sólo de lo que tenga nuestro plato sino del entorno también. ¿Acaso no les pasó alguna vez que ciertos ambientes favorecen experiencias hermosas y en otros la comida se te queda atorada en la garganta?

En mi caso particular, desde que Papá Noel, Santa Claus o como quieran llamarlo nos trajo de regalo familiar a “Tita” - como decidimos llamar a nuestra robot de cocina Thermomix - todos comenzamos a participar más activamente en el proceso de cocinar y con ello un nuevo amor fue florenciendo dentro mío hacia la comida, la casera, como forma de manifestar amor por las personas con quienes comparto un encuentro donde está presente.

Recientemente estaba leyendo un libro (“El viaje Interior” de Paramahamsa Prajñanananda) y me cayó un fichón de un ritual que solemos hacer antes de comer que no sólo es agradecer la comida sino bendecirla, y que no hasta recién - 35 años después - puedo entender el significado de una práctica que no tenía un sentido tan profundo para mí como lo tiene ahora y que quiero compartir. El texto dice así:

“Consumimos los alimentos y ellos nos consumen a nosotros. (…) Usamos el alimento de tres maneras: la mayor parte se elimina, mientras que otra parte se reserva para nutrir el cuerpo; de la parte que se utiliza, no obstante, una parte sutil influye en la mente. (…) No sólo el tipo de alimento que consumimos, sino también la manera de consumirlo, afectan la mente. Por ésta razón los sabios de la antigüedad advirtieron sobre la necesidad de prestar atención no sólo a la limpieza de los platos y frescura de los alimentos, sino también a quienes los preparaban ya que creían que las emociones de quienes cocinan alimentos se filtran a las preparaciones mismas. (…) El alimento y la mente tienen una relación causal. La comida puede hacer que la mente esté tranquila y calmada o inquieta y agitada, por lo que el alimento no sólo es un vehículo para mejorar la salud; también puede promover tranquilidad mental y paz interior beneficiando nuestra calidad de vida.”

Mientras crecía, el rol de organizar las comidas comunes -que casualmente eran todos los domingos al mediodía como buena familia de orígenes italianos- recaía en mi tía paterna. Ella amaba ser la anfitriona en su hogar y juntar a toda la familia alrededor de su gran mesa. Eso sí, había que cumplir con las reglas que “ella” establecía y lamentablemente para mí, siempre me tocaba poner la mesa y ayudar al finalizar levantándola y limpiando los platos.

¿Acaso no les sucedió nunca que hay personas que en los encuentros suelen ser las últimas en llegar y las primeras en irse? Bueno, en este caso no había excepciones y como no había una divisón concreta de tareas de forma tal que todos intercambiáramos roles de participación, siempre las cosas recaían en los mismos -yo incluída- haciendo que con el tiempo prefiriese evitar esos encuentros comunes, no por el hecho de la experiencia (que amaba) sino por el razonamiento que no sentía que se aplicaba de que si todos disfrutábamos, todos debíamos colaborar.

Una de las cosas que más me gustan del proceso participativo en el diseño y la posterior convivencia en los Cohousing que visité, es la creatividad que usan los residentes para coordinar y gestionar los grupos de cocina, los menúes, la participación, la repartición de los gastos, y todas aquellas tareas que hacen a lo que sucede en una Casa Común. El “gancho” que suelen usar para promover las comidas comunes es que por una vez al mes que te encargues de liderar el grupo de cocina, tendrás 29 días restantes para probar variados menúes de nivel a un mínimo costo, ahorrando suficiente tiempo para dedicarlo a otras actividades a elección. Hago una aclaración, depende mucho de la cantidad de personas que formen parte de los grupos para asegurarse que todos cocinen.

Si bien no todos podrán vivir en Cohousing (hay muchos factores que intervienen en el éxito o no de un proyecto), replicar esa experiencia con vecinos colaborativos sí es posible. Requiere valentía e intencionalidad para proponerlo y dar el primer paso, pero puede abrir la puerta a conocer mejor a tus vecinos y generar vínculos de ayuda mutua ya que “un buen vecino colaborativo, es más valioso en tu vida que un pariente o amigo lejano”. Si les interesa esta propuesta en la sección Herramientas hay material descargable para que puedan replicar la iniciativa de este video y así lograr poner nuestro granito de arena para mejorar el mundo, un vecino colaborativo a la vez. Allá vamos!